sábado, 20 de mayo de 2017

El Capitalismo es Judío


"¿Cuál es el culto profano de los judíos? El trapicheo. ¿Su dios? El dinero (...) El dinero es el celoso dios de Israel ante el cual no cabe otro dios. El dinero habilita todos los dioses de los hombres: los convierte en una mercancía. El dinero es el valor universal de todas las cosas, constituidas por él mismo. Por eso despoja al mundo entero, tanto al mundo de los hombres como el de la naturaleza, de su valor original. El dinero es la esencia alienada del trabajo y de la vida de los hombres que idolatran esa esencia ajena que los domina. El dios de los judíos se ha mundanizado convirtiéndose en dios del mundo. La letra de cambio es él autentico dios de los judíos..." - Karl Marx en su libro ''Sobre la Cuestión Judía'', el cual algunos tachan de ''antisemitismo'' (cuando el mismo Marx era judío) y otros dicen que se buscaba reconocer los derechos de los judíos.


''Para los puritanos ingleses, los judíos de su tiempo eran los representantes del capitalismo que se vio envuelto en la guerra, los contratos del gobierno, los monopolios estatales, promociones especulativas, y los proyectos de construcción y financiero de los príncipes, que ellos mismos condenaron. De hecho, la diferencia puede, en general con las calificaciones necesarias, se formuló que el capitalismo judío era capitalismo especulativo paria-, mientras que el puritano fue la organización burguesa del trabajo.'' - Max Weber, socíologo alemán y nada sospechoso de nazismo.


"El capitalismo (moderno) nace de la asociación puramente «accidental» de pueblos que poseen constituciones del todo diferentes y cuyos destinos fueron determinados por mil circunstancias también «accidentales». No existiría capitalismo moderno sin la dispersión de los judíos en los países del hemisferio Norte del globo terrestre..." - Werner Sombart en Los Judíos y la vida económica.


El capitalismo es un sistema político y económico basado en la acumulación de capital y en el comercio de bienes y servicios diversificados en sectores para su consumo.



El capitalismo recibe su nombre debido a que en este sistema el capital es el medio que genera la riqueza y este sistema sólo funciona siempre y cuando se disponga de capital. De esta manera, si no hay dinero, todo el trabajo se paraliza. Por ejemplo, la crisis del 29 se generó porque los capitalistas de Wall Street cerraron el grifo del crédito y luego crearon un gran pánico especulativo. En el capitalismo, si el dinero escasea, da igual que haya obreros cualificados o fábricas en perfecto estado de funcionamiento: la economía no funciona. Esto subordina la economía a la política monetaria y financiera, es decir, a los que controlan el grifo del crédito: bancos centrales y privados, es decir, los verdaderos propietarios de la moneda. Sólo cuando los bancos quieren, empieza a fluir el capital y éste reactiva la economía.



Se denomina capitalista a la clase social más alta de este sistema económico ("burguesía"), o bien a la forma común que tendrían los intereses individuales de los propietarios de capital en tanto accionistas y patrones de empresas; también se denomina capitalismo a todo el orden social y político (legislación, idiosincrasia, etc.) que orbita alrededor del sistema y a la vez determina estructuralmente las posibilidades de su contenido.

Cuando existe una deficiente regulación laboral, el capitalismo liberal comienza por explotar a las masas obreras, creando así las condiciones óptimas para el surgimiento de la subversión marxista y anarquista.

En las democracias liberales se entiende muchas veces el capitalismo como un modelo económico en el cual la distribución, la producción y los precios de los bienes y servicios son determinados en la mayoría de las veces por alguna forma de libre mercado. Ciertas corrientes de pensamiento discuten si esta es la definición exacta de capitalismo o si sólo se trataría de una de sus características.

La doctrina política que históricamente ha encabezado la defensa e implantación de este sistema económico y político ha sido el liberalismo económico y liberalismo clásico del cual se considera sus padres fundadores a John Locke), Juan de Mariana y Adam Smith.

Podríamos hablar sobre los daños del capitalismo como las muertes causadas por el comercio de esclavos, por las guerras y las represiones del Colonialismo, por las mayorías de las guerras del siglo XX, por el intervencionismo estadounidense, etc. Pero la crítica irá orientada hacia lo 
antropológico ya que el genio del oro y el mercantilismo se le ha atribuido a todos los semitas en general (fenicios, judíos, etc).

El sociólogo alemán Werner Sombart en sus trabajos principales de 1911-1913, sobre Die Jüden und das Wirtschaftsleben (Los Judíos y la Vida Económica, Leipzig, 1911) y sobre el espíritu burgués, Der Bourgeois, de 1913, había mostrado que el sistema moderno del capitalismo comercial era debido principalmente no al protestantismo inglés, como Max Weber había proclamado en su libro Protestantische Ethik und der Geist des Kapitalismus (La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, 1904-1905), sino al judaísmo. De hecho, Weber mismo se vio forzado, bajo el estímulo de la obra de Sombart, a distinguir entre el capitalismo protestante y el "capitalismo paria" de los judíos, una distinción que corresponde a la propia división histórica de Sombart del desarrollo del capitalismo entre un temprano y un alto capitalismo.





La verdadera fuente del desarrollo de la alta etapa capitalista de la sociedad es sin embargo, según Sombart, la mentalidad judía, que fue la que primero introdujo las principales características del capitalismo moderno, a saber, el juego sin restricciones del móvil de la ganancia mediante el libre comercio, las negociaciones usureras y las prácticas comerciales despiadadas, sobre todo con respecto a los no-judíos.


El reemplazo de esta sociedad orgánica original por la artificial "Gesellschaft"[asociación], fue consolidado por la interferencia de los judíos en la sociedad germánica, ya que el judío está marcado por el pensamiento abstracto que es "sinónimo de indiferencia a todos los valores cualitativos, de incapacidad para apreciar lo concreto, lo individual, lo personal, lo vivo". La expresión simbólica de la capacidad judía para la abstracción es el dinero, que "disuelve todos los valores de uso en sus equivalentes cuantitativos".

El proletariado, que es el típico producto social del capitalismo, es el elemento que más sufre en el reemplazo del ethos social patriarcal por el ethos comercial, ya que "cada comunidad de interés es disuelta, tal como cada comunidad de trabajo" y "el simple pago es el único lazo que vincula a los contratantes". El tradicional consuelo de la religión también ha sido destruído por el capitalismo que frecuentemente sostuvo al movimiento intelectual liberal de la Ilustración.

La identificación de la existencia de engaños en las transacciones comerciales y de la explotación de otros pueblos como las causas principales del poder financiero de la judería es discutida con mayor profundidad por Sombart en Los Judíos y la Vida Económica. La raíz de la Economía judía es localizada por Sombart en la religión hereditaria misma, la cual "en todos sus razonamientos apela a nosotros como una creación del intelecto, un asunto de pensamiento y propósito proyectado en el mundo de los organismos, conformada mecánica e ingeniosamente, destinada a destruír y conquistar el reino de la Naturaleza y a reinar ella misma en su lugar. Precisamente de esta manera el capitalismo aparece en escena; tal como la religión judía, un elemento ajeno en medio de lo natural, ha creado el mundo; como ella también, algo tramado y planeado en medio de la vida abundante".

El capitalismo en efecto se deriva directamente de la tradición económica usurera de los judíos, orientada completamente por la ganancia:

"El capitalismo moderno es un producto del préstamo de dinero. En el préstamo de dinero desaparece toda concepción de la cualidad y sólo interesan los aspectos cuantitativos. En el préstamo de dinero la actividad económica como tal no tienen ningún sentido; ya no es una cuestión de ejercitar cuerpo o mente; es completamente una cuestión de éxito. El éxito, por lo tanto, es lo único que tiene un sentido. En el préstamo de dinero queda ilustrada por primera vez la posibilidad de que usted puede ganar algo sin sudar, de que usted puede conseguir que otros trabajen para usted sin recurrir a la fuerza".


La identificación de la existencia de engaños en las transacciones comerciales y de la explotación de otros pueblos como las causas principales del poder financiero de la judería es discutida con mayor profundidad por Sombart en Los Judíos y la Vida Económica. La raíz de la Economía judía es localizada por Sombart en la religión hereditaria misma, la cual 
"en todos sus razonamientos apela a nosotros como una creación del intelecto, un asunto de pensamiento y propósito proyectado en el mundo de los organismos, conformada mecánica e ingeniosamente, destinada a destruír y conquistar el reino de la Naturaleza y a reinar ella misma en su lugar. Precisamente de esta manera el capitalismo aparece en escena; tal como la religión judía, un elemento ajeno en medio de lo natural, ha creado el mundo; como ella también, algo tramado y planeado en medio de la vida abundante".


Sombart aquí apunta a la forma sutil de la violencia comercial que constituye el sistema explotador judío. Los judíos en general han dejado de considerar las restricciones a la obtención de ganancia, inherentes en los modelos tradicionales de la vida económica europea:



"[El judío] no prestó ninguna atención a la estricta delimitación de una vocación o destreza con respecto a otra, en que tan universalmente insistían la ley y la costumbre. Una y otra vez oímos la queja de que los judíos no se contentaban con una clase de actividad; ellos hacían lo que podían, y de esa manera perturbaron el orden de cosas que el sistema de gremios deseaba ver preservado".



El resultado final del predominio del espíritu judío en Occidente fue la corrupción de la naturaleza misma del hombre y la sociedad occidentales, ya que



"Antes de que el capitalismo pudiera desarrollarse, el hombre natural tuvo que ser despojado de todo reconocimiento, y un mecanismo racionalistamente orientado fue introducido en su lugar. Tuvo que haber una transvaloración de todos los valores económicos".


El resultado es que los judíos mismos a menudo no parecen entender el verdadero significado de la Cuestión Judía, y parecen pensar que ésta es sólo política o religiosa, creyendo que

"cualquier cosa que pueda ser claramente puesta sobre el papel y ordenada correctamente con la ayuda del intelecto, debe ser necesariamente capaz de establecerse apropiadamente en la vida real".

Con el entendimiento de Sombart de la diferencia radical que hay entre el heroico espíritu germánico y el despreciable espíritu comercial judío, no es sorprendente que él se identificara con el movimiento nacionalsocialista durante los primeros años de dicho régimen, aunque él más tarde se retirara de la participación activa en sus programas. En su obra Deutscher Sozialismus, escrita en 1934, Sombart refuerza esta diferencia entre los dos ethos, apuntando una vez más al deseo del socialismo proletario marxista de "el mayor bien del mayor número". 

La solución que Sombart sugiere para la Cuestión Judía es la transformación de la cultura institucional de tal modo que "no sirva ya más como un baluarte para el espíritu judío", es decir, "el espíritu de esta época economicista" o de la sociedad burguesa, de manera que los alemanes mismos ya no se entreguen al ethos ajeno impuesto a ellos por los judíos.

La política económica de los Estados modernos también debe ser una que esté dirigida de una manera corporativa, basada en un sistema de posesiones, que estará libre del potencial para la explotación en el sistema judío.

"Los intereses propios deben ser superados y articulados en el Estado como un todo; ni tampoco, en tal orden, el individuo encuentra su lugar según su propia estimación, sino que recibe el lugar asignado a él. Esto significa el reconocimiento de la primacía de la política. En otras palabras, un orden basado en la propiedad no es reconciliable con el principio de libre empresa y libre competencia. En una comunidad en la cual todavía gobierna la economía capitalista, un sistema basado en las posesiones es una contradicción. Hasta que el Estado se base fundamentalmente en instituciones —es decir, sobre un orden legal que impone deberes—, un sistema basado en la propiedad no puede cumplir sus tareas".

Sombart realiza una distinción entre el capitalista como empresario y como comerciante, de tal modo que, mientras que Marx intentó superar al empresario como una figura históricamente obsoleta, Sombart defendió la virtud creativa y organizativa del espíritu empresarial contra las características simplemente racionalizadoras y abstractas del comerciante. El empresario de este modo llega a ser, desde el punto de vista de Sombart, ''el representante económico del típico espíritu fáustico del héroe alemán, mientras que el comerciante calculador es identificado cada vez más con el extranjero, en particular con los judíos y los ingleses'' (por su parte Oswald Spengler creía que la conquista normanda había acabado con el estilo de vida anglosajón y llevado el individualismo, parecido al de los vikingos, a Inglaterra, por medio del cual ''los barones explotaron la tierra repartida a ellos, y fueron a su vez explotados por los duques'') .


Eso podría explicar porque se utilizó a Donald Trump, ''empresario exitoso'' y descendiente de ¿(((alemanes)))?, como una figura que estaba ''contra todos'' y anti-establishment en su campaña.




''El mammonismo es la grave enfermedad que todo lo alcanza e invade, de la cual padece nuestro actual mundo civilizado y, mas aun, toda la humanidad. Es una epidemia devastadora, como un veneno corrosivo, que ha hecho presa de todos los pueblos de la tierra.



Por mammonismo ha de entenderse: por una parte, el poder mundial del dinero, la potencia financiera supraestatal reinante por sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos, la así llamada internacional dorad y, por otra parte, una disposición del espíritu que se ha adueñado de amplios círculos populares: el ansia de lucro insaciable, una concepción de la vida orientada exclusivamente a los valores materiales, que ya ha conducido y continuara conduciendo a una alarmante caída de todas las normas morales. Esta cosmovisión llevada al paroxismo esta corporizada en la plutocracia internacional.



La principal fuente de energía del mammonismo es la que proviene, sin esfuerzo y sin creación de bienes, del interés. De la idea del préstamo a interés, totalmente inmoral, ha nacido la internacional dorada. La disposición espiritual y ética surgida de la avidez por el interés y la usura de cualquier índole ha tenido como consecuencia una impresionante descomposición y corrupción de la burguesía.


Mammón representado por Collin de Plancy en su Dictionnaire Infernal.





La tesis del préstamo a interés es el invento diabólico del gran capital. Solo ella posibilita la indolente vida de zángano de una minoría de poderosos del dinero, a costa de los pueblos creadores y de su capacidad de trabajo; es ella quien llevado a los contrastes abismales, inconciliables, al odio de clases, del que nace la guerra civil y la lucha fratricida. El único remedio, el remedio radical para la curación de la humanidad sufriente es: e
l quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero.

El quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero significa la única posible y definitiva liberación del trabajo productor de las potencias del dinero que dominan secretamente el orbe[3]. El quebrantamiento de la servidumbre del interés significa la restauración de la libre personalidad, la salvación del hombre de la esclavización y también de la fascinación mágica en que su alma fue enredada por el mammonismo. Quien quiera combatir el capitalismo debe quebrar la servidumbre del interés.

¿Por donde debe comenzar el quebrantamiento de la servidumbre del interés?

Por el capital prestamista.

¿Por que?

Porque el capital prestamista es tan infinitamente superior frente a todo gran capital industrial, que las grandes potencias del dinero solo pueden ser combatidas eficientemente mediante el quebrantamiento de la servidumbre del interés del capital prestamista. 20:1 es la relación del capital prestamista con respecto al gran capital industrial.

[...] El capital prestamista, devorador de intereses, es el flagelo de la humanidad; el crecimiento eterno, sin esfuerzo y sin fin, del gran capital prestamista, conduce a la explotación de los pueblos, no al capital empresario industrial productor, creador de bienes'' - Gottfried Feder en Manifiesto contra la Usura. El Quebrantamiento de la Servidumbre del Interés del Dinero.



Continuará...


El famoso Señor Burns metafora el prototipo de judío y masón, con dinero y sin escrúpulos, considera al resto de la población como inferiores y no duda en usar el dinero para tener compradas todas las corporaciones. Propietario de una central nuclear, tiene a todos los organismos locales comiendo en su mano. Cuando necesita algún tipo de ayuda utiliza el único bien que posee, el dinero. Destructor de la naturaleza, nos hace ver sus tendencias homosexuales. Por tanto Groening representa en Burns el hombre más odiado por los Nazis. El Sr. Burns idealiza al Eterno Judio, capitalista, usurero, sionista, financista, misero, avaro, tacaño, codo, ultramillonario, y fisiológicamente cuadra perfectamente con el arquetipo y el modelo que el nacionalsocialismo y otras formas de nacionalismo tiene de los judíos que manejan e inventaron la finanza, complexión craneana aplanada, frentón, jorobado, narizón y dentón. Algunos se preguntarán: ¿Quien dijo que profesase el judaísmo? Claro que no es religioso, pero el arquetipo físico y racial del Sr Burns checa de manera idéntica con la visión que se tenía acerca del judío capitalista en la Alemania hitleriana. Vean la película El Eterno Judío producida por el Tercer Reich de Hitler y Lean cualquier libro de Raciologia Cientifica de Houston Stewart Chamberlain y Joseph Arthur Conde Gobineau y analiza las características craneales y fisologicas a la luz del Hitlerismo Mengeliano y verán como cuadra con los rasgos del Sr Burns. Bueno, jamás se dijo que Burns fuera de religión judía, puesto que es bien sabido que existen judíos que tan solo lo son de origen étnico. Pero si analizamos el arquetipo físico de Burns nos daremos cuenta que su complexion es racialmente israelita, sus características craneales son exactas a las del Ewide Jude, narizón, delgado y jorobado. Todos sabemos que hay judíos seculares que tan solo se encuentran encumbrados por principios éticos, políticos o morales y no por los pilares monoteístas de la religión. Eso es Burns, representa al judío financista, materialista, ateo, avaro, sionista, mísero, quien manipula y soborna las autoridades estatales para favorecer a su séquito empresarial. Todas las paginas nazis están de acuerdo en que Burns representa el arquetipo judío en USA. Así es, Burns es judío y Homer representa al norteamericano esclavo de Israel. Y que casualidad, Homer trabaja para una empresa judía, para un solo amo y señor judío, que sin embargo, vive demasiado idiotizado por el alcohol, la pornografía y la monotonía que no se da cuenta para quien trabaja. Lo que algunos no entienden es que, esta serie predica un antisemitismo satírico hitleriano, jamás se dijo que la familia Simpson sea Nazi, sino que toda la serie es una sátira fascistoide. Los Norteamericanos y el ciudadano común de USA como la Familia Simpson no son nazis, si no que son vistos por Groening como los fieles sirvientes y esclavos de Israel.


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