viernes, 2 de junio de 2017

Jacob Frank: la influencia talmudista en el Iluminismo Europeo



Para comprender lo expuesto aquí, les recomendamos leer el anterior post sobre sabatistas que va simultáneamente en conjunto con este.


Jacob Frank.

Jacob Frank nació en el seno una acaudalada familia de mercaderes hebreo-polacos, su padre ejercía de rabino el tiempo que le dejaba su próspero negocio. En secreto era un ferviente talmudista sabatiano, fiel a la secta de los seguidores de la doctrina mesiánica de Zeví. 



En 1755 los rabinos polacos declararon a Jacob hereje al ejercer prácticas sexuales sodomitas prohibidas. Marchó a Turquía donde se hizo musulmán. Estableció relaciones con miembros de la secta de los apóstatas y le dio por afirmar que era la reencarnación del mismísimo Sabbatai Zeví. 



De vuelta en Polonia indicó a sus seguidores, más del millar, que se bautizaran. Él mismo lo hizo (10 noviembre 1759) adoptando el nombre de Joseph y su padrino fue el rey polaco Augusto III también Elector de Sajonia, un oseso sexual que tuvo más de 350 hijos ilegítimos.


Frank estableció relaciones con la corte rusa y el Emperador Austrohúngaro, el ambicioso y mercantilista déspota José II que siempre lo protegió.

La cárcel de Czestokhova se transformó en lugar de peregrinación de los seguidores de Frank para los ya denominados ''frankistas''.

El marrano nombró su sucesora inmortal a su hija Eva Avatcha e instituyendo el culto a Eva. El propio farsante se sometía a dicha adoración, y ambos afirmaban que era hija de la promiscua Catalina II de Rusia.

Las delirantes y satánicas patrañas de Frank le llevaron a crear una nueva trinidad, en la que Zeví era la reencarnación del Santo delos antiguos días, Frank el santo del rey y su hija Eva la Shekina, la presencia divina, el elemento femenino del Mesías inventado por el Talmud y desarrollado por la Cábala (en la Biblia no aparece en ningún lado como tal).

La Shekina salvaría al mundo mediante la divina Sophia, la Gnosis, que en su doctrina sería la serpiente sagrada del jardín del Edén, representación satánica para judíos y cristianos.

Curiosamente, Alfred Rothschild, hijo de Lionel, eterno director del Banco de "Inglaterra" e íntimo de Disraeli organizara periódicamente la "cena de la adoración" a la que además de los invitados asistía una única mujer, una dama en cuyo honor se organizaba la fiesta, y tres o cuatro hombres que ella elegía entre los famosos del momento: políticos, artistas, militares, etc.

Esta mujer era adorada con todo tipo de ostentaciones y lujos. La ''función'' terminaba con la ofrenda de cada uno de los invitados depositada a los pies de la dama. Los adoradores eran consultados para elegir la ofrenda que depositaban a los pies de la mujer, pero era Alfred el que las costeaba y pagaba.

Actualmente aún hay iglesias bautistas denominadas Shekina mostrando una más clara vinculación al talmudismo que con el cristianismo.

Eva Frank.



Según Frank, el Edén se volvería cometiendo el pecado sagrado: una simple patraña tomada de los primeros gnósticos ofitas y del cabalismo sabatista.



Tras su liberación, por los rusos, Frank se dirigió (1772) a Brunn (Moravia) en donde residía su prima Schöndl Hirschel, casada con un hebreo monopolista del tabaco, proveedor del ejército, llamado Salomón Dobruska. Es de reseñar, que el comercio del tabaco estaba en esa época muy vinculado con el patriarca de los Rothschild.



La prima de Frank y diez de sus doce hijos se hicieron bautizar adoptando nombres cristianos y el apellido Von Schönfeld pero en secreto se hicieron miembros de la secta frankista.

En 1778 los “conversos” Dobruska fueron ennoblecidos, y uno de ellos Moisés, se rebautizó con el nombre de Franz Thomas Von Schönfeld aunque utilizó el alias revolucionario de Junius Brutus Frey.



Antes, el sobrino de Jacob llegó a ser consejero y banquero de los emperadores y hermanos de María Antonieta (1755-1793), de José II que se enfrentó al Papa y de su sucesor Leopoldo II que no quiso enfrentarse a la Francia revolucionaria que acabaría decapitando a su hermana.

A la coronación de Leopoldo II, Jacob Frank que no se perdía acto en que pudiera conspirar, acudió con el nombre de Joseph Frank Dobrouschki.



Mientras Frey se ocupaba de la parte financiera, Jacob y su hija Eva alternaban con reyes. Así corrompían moral e ideológicamente a los monarcas y contribuían al proceso revolucionario de los banqueros marranos (un siglo después esa metodología se recogería en los Protocolos de los Sabios de Sión, el número XX).


Ya establecidos en la corte vienesa por la influencia secreta de los sabatistas, se cree que José II tuvo relaciones orgiásticas rituales con Eva Frank. 



Y en 1873 serían acogidos por los Romanov de Rusia sin considerar que Eva había afirmado ser la hija de la gran Emperatriz Catalina.



En 1876 Frank y los suyos se trasladan a Offenbach, cerca Frankfurt. Existe constancia documental de que por entonces la secta frankista estuvo finannciada por Mayer Amschel Rothschild que hermanó a Frank con Adam Weishaupt (1748-1830) fundador de los Iluminados de Baviera, más conocidos como Illuminati.





El marranismo, ya dominante en Inglaterra en la City Londinense, se introducía, definitivamente, en las cortes europeas continentales de la mano del frankismo, de los iluminados y otras excrecencias rosacrucianas. Especialmente se infiltraba a través de la Banca.

Según Jurgën Habermas, “heredero” de la neo-marxista Escuela de Frankfurt, la acción en particular de Junius Brutus Frey (sobrino y frankista) mostraba: “las energías utópicas liberadas por el mesianismo herético … la transformación dialéctica del mesianismo en ilustración”. (en su obra: Fragmentos Filosóficos-teológicos. De la impresión sensible a la expresión simbólica. Edt. Trotta, Madrid 1999, pg. 74).



El agente marrano Frey, sobrino de Frank, en vísperas de la Revolución "Francesa" le tocó hacerse jacobino junto a su hermano Enmanuel que hasta entonces había vivido confortablemente como banquero. Y tuvo un papel principal en la revolución.



Así las "energías utópicas liberadas" a las que se refería Habermas (no tan utópicas pues estaban magníficamente pagadas por los banqueros) se transformaron según el propio Habermas en: "objetivos políticos de carácter inmanente" (Jurgën Habermas en Fragmentos filosóficos-teológicos. De la impresión sensible a la expresión simbólica, Trotta, Madrid, 1999, pag. 74).


Frey no tuvo tiempo de disfrutar de su triunfo político "inmanente" ni de su traidor enriquecimiento evidente, pues fue guillotinado el 5 de abril de 1794, junto con su sanguinario y corrupto "hermano" Geoges Jacques Danton, el líder de los de la "Montaña" (concepción del Monte de Sión, buena parte de los líderes jacobinos de la Montaña eran hugonotes y, bastantes marranos).

Estos hechos se produjeron durante las sangrientas convulsiones anexas a la propia revolución, para la cual Frey había sido uno de los principales agentes. El marrano frankista decía que esa genocida revolución era el paraíso en la tierra, es decir, el Edén, la Nueva Jerusalén, la Nueva Montaña de Sión, el inicio de la Tercera Era, la del Espiritu Santo de la versión milenarista.
Frey poco pudo disfrutar de ese "paraíso" pues víctima de la turba que había contribuido a soliviantar si bien tuvo tiempo de volver a cambiar de nombre antes de perder la cabeza, en la lista del verdugo constaba como Junius Eschine Portock (según Maurice Pinay en Complot Contra la Iglesia, en la nota de la pag. 22:  htpp://www.vho.org/aaargh/fran/livres8/PINAYfr.pdf).

Por su parte Frank se estableció en el castillo de su joven amigo, gran maestro masón e iluminado, el duque Karl von Isenburg que financió y creó en 1806 un ejército de mercenarios desertores, traidores a su país, para luchar a favor de Napoleón Bonaparte, formando parte de la llamada Confederación del Rin. Merced a su sumisión, el traidor fue nombrado príncipe por Napoleón, aunque tras la derrota de éste en la Batalla de Leipzig (1813) se lo retiró. 

Frank permaneció en casa de Von Isenburg hasta su muerte (1791) y un poco antes de ella dijo: "he venido a liberar al mundo de todas las leyes y de todos los mandamientos. Todo debe ser destruído, a fin de que el buen Dios se revele" con gran exactitud por lo escrito en los Protocolos (P. XXIII).

Velatorio de Frank.


La doctrina frankista es una mixtura de ideas del gnosticismo clásico más radical, la metodología cabalística de algunos rabinos medievales, las recomendaciones del Príncipe de Constantinopla, y sobre todo, las enseñanzas de Sabbatai Zeví. Y es la doctrina que conforma el auténtico dogma moderno del sionismo en su versión hebreo-marrana como en la protestante o en la integrista, así como en las corrientes más fanáticas del gnosticismo islámico. 



Para los frankistas eran importante los excesos sexuales para la "salvación" pero más la apostasía y el marranismo secreto, casi imprescindible. Otra reformulación del gnosticismo clásico desarrollado por el cabalismo sabatista.


El propio Frank explicaba a sus seguidores que el bautismo era un mal necesario. Bautizarse debía ser el punto más bajo imprescindible en la pendiente hacia el abismo. Tras el bautismo comenzaba la ascensión que se manifestaría con el principio del fin de la Iglesia y de la sociedad.



En ese destino, los frankistas, los elegidos para perpetrar esa destrucción desde el interior, serían: "como soldados que toman al asalto una ciudad pasando a través de las cloacas" (citado por Arthur Malden en su obra).

El marranismo frankista sobrevivió a Frank y a su sobrino Frey, fue un importante apoyo para todas las revoluciones y contrarrevoluciones que a partir de entonces se produjeron. En ellas, el frankismo siempre jugó el papel de agente de la Jerarquía Iluminista. Muchos de sus adeptos accederían a los puestos de máxima responsabilidad en sus estados, con independencia del régimen exotérico impuesto en los mismos, liderando los movimientos, revolucionarios y/o contra revolucionarios.

En esa Jerarquía poseen un poder predominante los banqueros con pasado y/o presente marrano y, por supuesto, los talmudistas, con los Rothschild a la cabeza.

Para que la Jerarquía Iluminista, con Rothschild a la cabeza, tuviera ese poder, controlora esa "política invisible" no fue suficiente la acción de movimientos mesiánicos de origen hebreo, como el de Frank, pues talmudistas, cabalistas y marranos eran una minoría, que difícilmente podían influir en las masas, al contrario. Ni siquiera fue suficiente la corrupción y la falta de escrúpulos de los banqueros para enriquecerse.

Las ideas frankistas se extendieron en diversas formas al margen del mundo talmudista y cabalista. Las más relevantes fueron la orden de los Iluminados de Baviera, la "racionalista" y su antítesis relativa "espiritualista" o "mágica" la denominada Rosa Cruz Dorada, creada a partir de los Hermanos Asiáticos fundada por el sobrino de Frank.

Pero hacía falta extender esa visión gnóstica del hombre y del mundo, mediante el racismo y/o el milenarismo, en el mundo hebreo y fuera del mismo, para que esa visión se transformase en el alimento de los movimientos de masas, de los movimientos revolucionarios y contra revolucionarios, con cobertura religiosa, laica o atea, al servicio del "progreso", es decir, a mayor beneficio de la Jerarquía Iluminista que mueve los hilos.

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Para comprender más a fondo el marranismo.

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